Las barreras de la comunicación y el uso de las mascarillas

Las barreras de la comunicación y el uso de las mascarillas

Nunca nos paramos a pensar en la dimensión del proceso comunicativo, en toda su complejidad. Como seres sociales que somos, basamos nuestros intercambios en la comunicación, una capacidad innata y quizá por ello no le damos la importancia que tiene.

Sin embargo todo nuestro cerebro parece haber sido diseñado para comunicar, para codificar y decodificar, asimilar, entender, suponer, sacar conclusiones, interactuar, comparar, divagar, adornar, crear… Ponemos nombre a las cosas, a los sentimientos, a todo lo que nos rodea porque nos sirve para traerlos a nuestra realidad y poder compartirlos con el resto de nuestros congéneres. No en vano etimológicamente el verbo comunicar proviene del latín communicare traducido como “poner en común, compartir algo”.

La comunicación verbal y no verbal está en todas partes, y dependemos de ella, es una necesidad de la convivencia en sociedad. Por ello, debemos cuidarla y alimentarla.   

Dificultades en la comunicación

Si nos centramos por ejemplo en una conversación entre dos personas, la transmisión del mensaje resulta un proceso complejo que debe afrontar con éxito una serie de dificultades. Incluso en las mejores condiciones contextuales, en un entorno sin obstáculos, el éxito del mensaje depende de:

  • Lo que el emisor quiere decir
  • Lo que el emisor dice
  • Lo que el receptor oye
  • Lo que el receptor escucha
  • Lo que el receptor comprende
  • Lo que el receptor retiene
  • Lo que el receptor entiende finalmente, lo que procesa y asimila

Una vez establecemos estos “peligros” de que el mensaje no pase adecuadamente de un emisor a un receptor, compliquemos aún más las cosas… Usemos una mascarilla y mantengamos una distancia física de 2 metros entre cada interlocutor… Esos dos elementos, las mascarillas y la distancia van a resultar dos obstáculos que se suman a los puntos anteriores y que van a condicionar tanto al emisor como al receptor incluso antes de comenzar a comunicar.

La mascarilla y la distancia son pues barreras en la comunicación. Hablamos de barreras a todo obstáculo de diferente naturaleza que dificulta o impide que el mensaje llegue en “buenas condiciones” a nuestro interlocutor. Asimismo, podemos distinguir diferentes tipos, como las barreras de índole semántica, psicológica, fisiológica, física y administrativa… y todas ellas se dan cuando se usa la mascarilla y/o se establece una distancia física.

Barreras de comunicación por el uso de mascarillas

Debemos tener en cuenta que no somos una sociedad acostumbrada al uso de la mascarilla y que esto hace que se requiera de un proceso adaptativo que nos permita paliar los perjuicios y prejuicios comunicativos que establece.

Estamos acostumbrados a una comunicación directa en la que vemos la totalidad de las expresiones que transmiten los músculos de nuestra cara y que apoyan la comunicación, enfatizando el mensaje y, muchas veces, disminuyendo las posibles ambigüedades de las palabras, los problemas de una comunicación entrecortada por los ruidos del entorno, o incluso mejoran la comprensión del sarcasmo o de la ironía.

Al tapar la cara desde la nariz a la barbilla, estamos en primer lugar perdiendo todos esos estímulos que son comunicación gestual.

Además, como todos habéis podido comprobar, el uso de mascarillas por un tiempo prolongado provoca un estado de cansancio y estrés mental que nos altera, y una persona alterada, difícilmente comunica con claridad. En comunicación todo lo que no es claridad, es obstáculo.

La capacidad cognitiva, la habilidad para pensar, para crear un mensaje se ve afectada. Esta capacidad es fundamental a la hora de emitir un mensaje adecuado para nuestro interlocutor. Todo se vuelve más complicado, la expresión de nuestros deseos, sentimientos, opiniones y a su vez, nuestro interlocutor perderá capacidad de concentración en la escucha de nuestro mensaje. Si el mensaje no tiene calidad, baja la tasa de fidelización, o lo que es lo mismo: cuanto peor hablamos, cuanto menos claro es nuestro mensaje, menos nos escuchan. A lo que debemos sumar, las posibles consecuencias negativas para la comunicación del uso de mascarillas en nuestro interlocutor.

Como consecuencia el mensaje se distorsiona  acrecentado por la barrera acústica que supone tapar la boca con un objeto y encontrarse a 2 metros de la otra persona.

Como decíamos, no estamos acostumbrados a hablar con algo que nos obstruye la boca por lo que antes incluso de empezar a hablar, tanto el emisor como el receptor se encuentran condicionados por ese elemento y por lo tanto, están ambos menos predispuestos a la comunicación, que en otras circunstancias se haría de manera fluida.

El emisor tenderá a modificar el mensaje, simplificando la estructura de éste, eliminando florituras, ambigüedades o rodeos, siendo más aséptico y directo.

Psicológicamente, el uso de mascarilla propicia el distanciamiento físico. A largo plazo, este tipo de bloqueos pueden dar lugar a modificaciones estructurales en el uso de la comunicación, por un lado como comentábamos, simplificando sobremanera el lenguaje y a su vez modificando las estructuras cerebrales que influirán en nuestra manera de pensar ya que el cerebro posee la cualidad de ser neuroplástico, es decir de adaptarse a los hábitos que creamos, a los estímulos…

Y por otro, dado que somos seres sociales, tenderemos a sustituir el canal físico por medios digitales y el uso cada vez más recurrente de emoticonos, gif y otros elementos de apoyo que condensan estructuras complejas como sentimientos, anhelos, descripción de situaciones en una única forma perdiendo riqueza… Con el tiempo nos podemos ir acostumbrando a mensajes simplificados, esquemáticos, sin el crisol de los matices… En el siguiente audio profundizaré en la simplificación del lenguaje ya que es lo suficientemente amplio como para requerir un espacio completo.

Volvamos entonces a las mascarillas, la distancia física y la comunicación, ¿cómo paliar estas barreras comunicativas?

Toda adaptación al medio necesita aumentar los recursos destinados a la solución de esa novedad vivencial por lo que el primer paso, que engloba a todo lo que vamos a comentar ahora, es el de ejercitar nuestro cerebro para saber adaptarse a una comunicación con bloqueos importantes como son las consecuencias del uso de la mascarilla unido en la mayoría de ocasiones a una distancia física aumentada.

En este sentido podemos ampliar nuestro vocabulario, hacer ejercicios de disertación, aprender o mejorar la expresión de nuestros sentimientos y de nuestras necesidades en diferentes registros… Leer, como veremos en el siguiente capítulo… Todos estas acciones nos pueden ayudar.

Recursos para mejorar nuestra comunicación

  • Tener consciencia lingüística: saber expresarte de manera que el receptor entienda con facilidad. En cierta manera el cerebro reacciona como un músculo, cuanto más lo ejercitas, mejor responde. Podemos practicar con nuestra pareja, familiares o amigos haciendo turnos en los que cada uno habla de un sentimiento, o de su libro preferido… El objetivo es desarrollar la comunicación entorno a un elemento de la vida cotidiana, si no es un libro, una película, una serie… Puede parecer sencillo, pero haced la prueba en voz alta, veréis que si no estáis ejercitados en ello, os costará transmitir en voz alta el hilo de una trama que en vuestro cerebro parece sencillo; no encontraréis las palabras, os “perderéis” en la cronología de la historia. Si os ocurre eso no os preocupéis, ¡podéis entrenaros!
  • Evitar comunicarse corriendo, sin el tiempo suficiente para garantizar la correcta recepción del mensaje. En condiciones normales hablar sin tiempo, como ya sabéis tiene como resultado una comunicación atropellada en la que incluso solapamos palabras, hacemos de dos palabras una ininteligible y perdemos coherencia. Con la mascarilla peor, ya que altera el sonido, nos falta caudal de oxígeno, nos agobia y como resultado el mensaje se emite y se recibe con dificultad.

Y es que la comunicación es un proceso activo, que requiere de atención activa de los intervinientes. Y es algo a lo que no solemos prestar atención, como os comentaba al principio.

  • Asegurarse de que los códigos sean comunes. No debemos asumir que todos piensan, sienten y hablan como nosotros, conviene asumir que el idiolecto es personal y verificar antes de emitir el mensaje que el receptor maneje los mismos códigos y sentidos.
  • Controlar las emociones ya que la emocionalidad puede precipitar las cosas y hacernos decir algo distinto a lo que queremos. No quiere decir que debamos evitar las emociones sino en gestionar su caudal para que no afecte al mensaje. Recibimos menos caudal de oxígeno, si usamos gafas pueden empañarse, nos cuesta más hablar y entender, eso nos puede alterar, provocar agobios que impactarán en la calidad de la comunicación.
  • Utilizar más la función fática del lenguaje, es decir esas palabras de seguimiento o de verificación del canal tipo “Ok”, “claro”, “hum”… que solemos emplear en conversaciones telefónicas, en este caso aunque estemos físicamente cerca, debemos salvar el obstáculo de la mascarilla y los problemas de entendimiento.
  • Evitar la incongruencia del lenguaje verbal con el lenguaje no verbal. Los estados en los que podemos encontrarnos por el uso de la mascarilla (como el de confusión) pueden provocar que entremos en esas contradicciones, el hacer gestos que no corresponden con nuestro mensaje.

Pequeños consejos para mejorar la calidad de la comunicación

  • Debemos potenciar aún más la empatía hacia nuestro interlocutor y las circunstancias incómodas.
  • Desarrollar una escucha activa, consciente, incitando a nuestra mente a concentrarse en el mensaje.
  • Tomar el tiempo de aclarar los errores del mensaje o malentendidos por las barreras provocadas por la mascarilla. Estar atentos a la otra persona, que aunque no le veamos la cara, vemos los ojos y podemos llegar a intuir si ha entendido algo o no, o simplemente se lo preguntamos.

La especialización nos ayuda a superar obstáculos

Como veis, la comunicación depende de muchos factores y ésta se ve afectada por el uso de la mascarilla, si además ponemos distancia física anormalmente elevada lo complicamos todo aún más. Por lo que, si debemos usar mascarilla y mantener una distancia de seguridad, deberemos ser más conscientes, deberemos ejercitarnos, mejorar nuestras capacidades lingüísticas y especializarnos en la comunicación para ser más eficientes y salvar ese obstáculo. ¡Para ello tenemos una herramienta maravillosa: nuestro cerebro! Pero, no dejéis de comunicar, la comunicación nos ayuda a evolucionar y a desarrollar nuestra empatía social.


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Ilustraciones: Gerd Altmann en Pixabay

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