Diario de una mujer no subvencionada

Día 1: De esos cristales, estos hormigones

En el universo de los techos existe un techo de cristal que impide a las mujeres acceder a puestos de trabajo directivos o a recibir los mismos sueldos que los hombres por las mismas tareas y responsabilidades. Yo nunca lo he visto, pero claro no es un argumento sobre el que basarme para decir que no existe… ¿Qué pensarían los creyentes de algún dios si afirmase rotundamente  que, como no he visto a su dios, su dios no existe? No tiene sentido… El sentido… ¡Ay! En este siglo XXI ya hay pocas cosas que tengan sentido… común, aunque se nos exhorta para que hagamos cosas sin sentido por el bien común. ¿El bien común? ¿Qué bien puede ser común si no se pone en común? Todo es extraño.

Volviendo a los techos… ¿Es lo mismo un techo que un tejado? Cuando oigo la palabra “tejado” pienso en cómo se veía París desde mi pequeña -13 metros- chambre de bonne donde los cuervos me miraban curiosos cuando salía a leer a Nerval sobre el tejado. Je suis le ténébreux, le veuf, l’inconsolé. Claro que la curiosidad de estos comandos urbanos de las alturas crecía cuando leía en voz alta El Discurso sobre la servidumbre voluntaria de Étienne de La Boétie como queriendo materializar alguna de esas utopías que mi cerebro rescataba de vez en cuando…

El techo, el techo… Existe un techo silenciado al que le han puesto una mordaza con un bonito paño de seda -de los chinos-: el techo de hormigón y ese sí lo he visto.  

Continuará...

Diario de una mujer no subvencionada es fruto de la imaginación de su autora, cualquier parecido con la realidad responde al azar o al fatum, depende de cómo se mire.