DAVID JIMÉNEZ

“No hay ninguna noche que dure toda la vida.(…) Creo mucho en el espíritu humano y en el deseo de libertad que mueve a los pueblos.”

Fotografías autor: ©Carlos Ruiz B.k Contumaz Studio

La tumba de la verdad

Por Lorena Ordóñez

Guerra, guerra y más guerra. ¿Quién inicia las guerras? ¿Quién puede extraer algún tipo de beneficio de los conflictos armados? O mejor, ¿quién puede querer extraer algún beneficio de los conflictos armados? ¿Quién opta por la destrucción, la devastación, la muerte, el odio, la aniquilación de toda esperanza? ¿Es cierto que no hay otras opciones que permitan evitar que nos matemos los unos a los otros?

Desde luego las víctimas no creo que deseen participar en guerras… Y, ¿quiénes son esas víctimas? La primera víctima, según Esquilo, es la verdad. Diría Howard Zinn, el historiador y activista social, que un efecto seguro de la guerra es disminuir la libertad de expresión. Toda censura, a pesar del traje con el que se le quiera vestir, es censura y nunca es por nuestro bien.

Si hablamos de censura en los medios de comunicación o en las ágoras en las que se han convertido las redes sociales,  debemos entender que la censura se trata de un juicio de valor, una corrección o reprobación, la censura impone supresiones o cambios a un mensaje. La censura se convierte así en un velo que no nos considera como seres con la inteligencia necesaria para ver por nosotros mismos y decidir si damos credibilidad o no a algo.

Ver por nosotros mismos, desarrollar nuestro espíritu crítico es profundamente necesario en una sociedad sana para que no pueda ser manipulada. Una sociedad sana debe conocer e interesarse por su pasado y entender su presente. En ese sentido debemos poder disponer de fuentes fiables que no se plieguen a la dictadura del espectáculo y que hagan de espejo imparcial ante los acontecimientos. De este modo, las fuentes se transforman en nuestros ojos, y nuestro cerebro en el mejor fact checker, el único verificador de hechos que debería ser válido si nos consideramos seres inteligentes.

Ahí, en esa maquinaria que convirtió a los medios de comunicación y la prensa en el cuarto poder ya en el siglo XIX, los corresponsales y los reporteros de guerra han jugado un papel esencial siendo nuestros ojos y oídos a través del mundo. Hombres y mujeres que arriesgan su vida marcados por un alto componente de idealismo, que entienden que al mostrarnos el lado oscuro de la Humanidad, podemos darnos cuenta de los caminos que no debemos elegir. Hombres y mujeres que, tal y como nos comenta en la entrevista que nos ha concedido David Jiménez, al vivir el lado más oscuro de la condición humana, quedan marcados con algunas heridas, “heridas de esas que se llevan en el alma.”

David acaba de publicar El corresponsal con la editorial Planeta, la historia de un grupo de corresponsales recluidos en un hotel en Rangún, en la Revolución Azafrán en la Birmania del año 2007 [denominada oficialmente como República de la Unión de Myanmar]. Este grupo de personajes deberá enfrentarse a un dilema ético que pone de manifiesto la esencia misma del amor por la comunicación.

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«Hay países como España donde no están valorados [los corresponsales] como en otros lugares y han quedado un poco rezagados. Si uno ve los grandes, los más famosos o más reconocidos periodistas en España, casi siempre son del mundo del periodismo deportivo, del corazón, tertulianos en la política… Es verdad que los reporteros y los corresponsales han tenido un papel secundario en mi opinión injusto porque hablamos de gente que se va a jugar la vida por contarnos el mundo.»

El corresponsal es un libro de aventuras basado en la experiencia en primera persona de su autor, pero también un libro sobre humanidad, sobre los ideales y la lucha del pueblo del país más bello y más triste del mundo, como lo describirá uno de sus personajes.

Como dice David, no hay oscuridad que dure para siempre. Mientras tanto protejamos algo fundamental para la evolución de todos nosotros: la libertad de expresión.

Escucha la entrevista

Extractos que inspiran

Extracto de
El corresponsal

Daniel fue el último gran corresponsal en un oficio que, en los años que siguieron a la Revuelta Azafrán, entró en decadencia. La crisis económica y el cambio de modelo digital llevaron a los medios a cerrar sus corresponsalías alegando que eran demasiado costosas; la cobertura internacional se redujo al mínimo en un intento de evitar a los lectores las complejidades del mundo; los veteranos se jubilaron reemplazados por reporteros freelance mal pagados; y la información se disfrazó de entretenimiento al servicio de una audiencia a la que dejó de importarle si las noticias de Ruanda se escribían desde Kigali o desde Madrid.

VOCES

Bienvenidos a VOCES, un nuevo programa de VItakora en el que nos daremos cita con especialistas en diferentes disciplinas, así como autores, artistas, comunicadores y en definitiva todas las personas que tengan una historia que contar, porque todas las voces importan.

En este espacio el objetivo es compartir nuestras experiencias y aprender los unos de los otros, aprender a mirar la vida con otras miradas, desarrollar la empatía y entendernos todos un poco mejor desde el respeto y la humildad.

Voces es un programa exclusivo de V.Iták-Ora que podéis encontrar también en plataformas como Youtube o Ivoox. Si tenéis una historia que contar ¡este es vuestro espacio! Podéis participar escribiendo a contacta(arroba)vitakora.club

¡Escucha o descárgate gratis el programa que te guste!

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